Doctrinas Bíblicas

1. Las sagradas escrituras

La Santa Biblia es el registro de la revelación de Dios al hombre, fue escrita por hombres divinamente inspirados, tiene a Dios por autor, la salvación del género humano por fin y la verdad por asunto. Es el tesoro perfecto de instrucción divina, la norma suprema para juzgar la conducta humana, los credos y las opiniones religiosas, y Cristo Jesús es el criterio por el cual ha de ser interpretada; contiene únicamente 66 libros.

(Sal. 19:7-10; Jn. 17:17; 2 Ti. 3:15-17; He. 4:12; 2 P. 1:19-21.)

2. El Verdadero Dios

Hay un solo Dios viviente y verdadero, personal, inteligente y espiritual, Creador, Redentor, Conservador y Gobernante del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las demás perfecciones, y a Él se debe el amor más elevado, la reverencia y la obediencia. Dios se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, iguales en toda perfección divina y unidos en la obra de la redención; además, como Padre reina con cuidado providencial sobre su universo y sobre aquellos que llegan a ser sus hijos por la fe en Cristo Jesús.

(Dt. 6:4; Mt. 28:19; Jn. 4:24; Jn. 14:6-11; 1 Co. 8:6.)

3. El Hombre

Dios creó al hombre a su propia imagen como parte culminante de su creación. En el principio el hombre era inocente de pecado y tenía libre albedrío; por ese libre albedrío pecó contra Dios e introdujo el pecado en la raza humana. Desde entonces su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente con tendencias a pecar, y solamente la gracia de Dios puede restaurar al hombre a una santa comunión con Dios. La personalidad humana tiene carácter sagrado, y cada ser humano posee dignidad y merece respeto y amor cristiano.

(Gn. 1:26-27; Sal. 8:3-6; Ro. 3:23; Ro. 5:12; Ef. 2:1-5. )

4. La Salvación es por Gracia

La salvación de los pecadores es gratuita para todos por medio de la fe en Cristo. No depende de obras buenas que el hombre pueda hacer. El obstáculo para la salvación está en la depravación inherente del hombre y en el rechazamiento voluntario de Cristo como el único Salvador, y ese rechazamiento acarrea condenación eterna.

(Ef. 2:5-8; Ro. 3:24, 26; Tit. 3:5; Jn. 3:18, 36)

5. Regeneración

La regeneración consiste en un cambio de corazón y mente, y es el nuevo nacimiento en el corazón del hombre. Se efectúa por el poder del Espíritu Santo en conexión con la verdad divina, produce el deseo de obedecer voluntariamente al evangelio y se evidencia por los frutos santos, la fe y la novedad de vida del creyente.

(Jn. 3:3, 6; Jn. 1:12-13; Stg. 1:18; Ez. 36:26; Ef. 5:8-9. )

6. El Arrepentimiento y la Fe

El arrepentimiento y la fe son requisitos indispensables para la salvación. El arrepentimiento es hacia Dios y la fe hacia Cristo Jesús, y ambos están íntimamente relacionados. Son obra del Espíritu Santo en el corazón, y por medio de ellos el pecador convicto y sinceramente contrito vuelve a Dios y reconoce a Cristo como su Salvador personal, Mediador único y Rey.

(Mr. 1:15; Hch. 20:20-21; Jn. 16:8-9; Hch. 16:30-31; Ro. 10:9-11.)

7. La Justificación

La justificación es el gran bien que Cristo asegura a los que son salvos. Incluye el perdón del pecado y la atribución de la justicia de Cristo. Introduce al creyente en un estado de paz y favor con Dios, y hace suyos desde ahora y para siempre todos los bienes que fueren necesarios.

(Hch. 13:38-39; Ro. 3:24-25; Ro. 4:5-8; Ro. 5:1; Tit. 3:5-7. )

8. El Propósito de la Gracia Divina

La elección es el propósito de Dios conforme al cual Él regenera, santifica y salva gratuitamente a los pecadores. Está en armonía con el libre albedrío del hombre e incluye todos los medios relacionados con ese fin. Es una manifestación de la soberana bondad de Dios, excluye toda jactancia y promueve humildad, amor, oración, alabanza, confianza en Dios e imitación activa de su misericordia. También es la base de la seguridad cristiana y demanda diligencia para tener certeza de ella en la propia vida.

(2 Ts. 2:13-14; Ef. 1:3-6, 11; Ro. 8:29-30; Ef. 2:8-9; Fil. 1:6.)

9. La Santificación

La santificación es el proceso por el cual, conforme a la voluntad de Dios, los creyentes llegan a ser participantes de su santidad. Es una obra progresiva, tiene su principio en la regeneración y se efectúa en el corazón por el poder y la presencia del Espíritu Santo. Se desarrolla mediante los medios establecidos por Dios, especialmente la Palabra, el examen personal, la abnegación, la vigilancia, la oración y el cumplimiento del deber piadoso, y llega a su perfección con la purificación de los cuerpos en la segunda venida de Cristo.

(1 Ts. 4:3-7; 1 Ts. 5:23; Fil. 1:6; Jn. 14:16- 17; Ro. 8:23. )

10. La Perseverancia de los Santos

Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin. Aquellos a quienes el Señor ha aceptado en Cristo y ha santificado por su Espíritu Santo no caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Pueden caer en pecado por negligencia y tentación, entristecer al Espíritu, afectar su bienestar espiritual y atraer reproches y juicios temporales; aun así, serán guardados por el poder de Dios mediante la fe que produce salvación.

(Ro. 8:28-39; 2 Ts. 2:13-14; 2 Ti. 1:12; 1 P. 1:2-5; 1 Jn. 2:19.)

11. La Ley y el Evangelio

La ley de Dios es la norma eterna e invariable de su gobierno moral. Es santa, justa y buena. La incapacidad del hombre caído para cumplir sus preceptos proviene de su naturaleza pecaminosa. El evangelio presenta la liberación de esa condición y la restauración del hombre a la obediencia de la santa ley por medio del intercesor y de los medios de gracia relacionados con el establecimiento de la iglesia.

(Mt. 5:17; Ro. 3:31; Ro. 7:12; Ro. 8:2-4; 1 Ti. 1:15.)

12. Una Iglesia Verdadera

Una iglesia verdadera de Cristo es una congregación de creyentes en Él, bautizados después de una profesión de fe, unidos en las doctrinas del evangelio y comprometidos a guardar las ordenanzas conforme a las Escrituras. Reconoce a Cristo como única cabeza, toma la Biblia como única regla de fe y práctica, y sus oficiales bíblicos son pastor u obispo y diáconos.

(Hch. 2:41-42; Ef. 4:5, 13; Col. 1:18-19; Fil. 1:1; Hch. 14:23.)

13. El Bautismo Cristiano

El bautismo es la inmersión en agua del creyente en Cristo, administrado por una persona idónea. Se realiza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es símbolo de la sepultura y resurrección de Cristo y también de la del creyente, y es requisito para gozar de los privilegios de la iglesia.

(Mt. 3:13-17; Mt. 28:19; Hch. 8:36-39; Ro. 6:3-5; Col. 2:12.)

14. La Cena del Señor

La Cena del Señor es la segunda ordenanza. Consiste en pan sin levadura y vino fruto de la vid, que representan respectivamente el cuerpo y la sangre de Cristo. Participan creyentes bautizados que tienen la misma doctrina, se celebra en la reunión de la iglesia y conmemora el sufrimiento y la muerte de Cristo.

(Mt. 26:26-30; Lc. 22:19-20; 1 Co. 11:23, 26; Hch. 20:7.)

15. El Día del Señor

El primer día de la semana es el reposo del cristianismo. Debe consagrarse a los fines religiosos. El cristiano se abstiene en ese día de todo trabajo secular que no sea obra de misericordia o de absoluta necesidad, y así se prepara para el descanso que le queda al pueblo de Dios.

(Jn. 20:1, 19, 26; Hch. 20:7; 1 Co. 16:1-2; He. 10:24-25; He. 4:7-11.)

16. El Gobierno Civil

El gobierno civil existe por disposición divina para los intereses y el buen orden de la sociedad humana. Por los magistrados se debe orar, honrarlos y obedecerlos en conciencia. Esta obediencia tiene límite en aquello que se oponga a la voluntad del Señor, dueño de la conciencia y Príncipe de los reyes de la tierra. La iglesia y el Estado deben guardar independencia de acción, y cada uno tiene utilidad e importancia en su lugar.

(Ro. 13:1-7; Mt. 22:21; Tit. 3:1; Hch. 5:29; 1 Ti. 2:1-5.)

17. La Segunda Venida de Cristo

Cristo vendrá otra vez en forma personal y visible. Su venida será inesperada para los hombres, porque no sabemos el día ni la hora. Vendrá también como juez.

(Jn. 14:2-3; Hch. 1:11; Mt. 24:30, 36, 44; 2 Ts. 1:6-10; Ap. 22:12.)

18. El Juicio Final

Cuando Cristo venga otra vez se verificará el juicio final. Este juicio tiene por objeto premiar al hombre según sus obras, manifestar su verdadero carácter, hacer separación entre redimidos y perdidos, reunir a todos ante ese juicio y conducir a cada uno a su respectivo lugar.

(Mt. 16:27; Mt. 25:31-34; 2 Co. 5:10; Ro. 14:10; Ap. 20:13-15.)

19. El Cielo y el Infierno

Después de esta vida hay dos lugares en los que los hombres habrán de morar. Los redimidos vivirán con Cristo en el cielo. Los perdidos existirán en el infierno con el diablo y sus ángeles. La existencia en el cielo y en el infierno será eterna.

(Jn. 14:1-6; Mt. 25:34, 41, 46; Lc. 16:22-24; Ap. 21:1- 7. )

20. Mayordomía

Dios es la fuente de todas las bendiciones materiales y espirituales, y todo lo que el creyente tiene se lo debe a Él. Los cristianos tienen una deuda espiritual con el mundo, un depósito santo en el evangelio y una mayordomía urgente sobre sus posesiones. Están obligados a servir a Dios con su tiempo, sus talentos y sus bienes materiales, reconociendo que todo les ha sido confiado para la honra y gloria de Dios y para ayudar a otros. Según las Escrituras, deben contribuir regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el extendimiento de la causa del Redentor en la tierra.

(Dt. 8:18; Mt. 25:14-29; Hch. 20:35; 1 Co. 4:1-2; 1 Co. 16:1-4.)

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