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Somos miembros de la: Convención Nacional Bautista de México • CNBM
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Los principios bíblicos que creemos los bautistas son verdades fundamentales que nacen de la enseñanza de la Biblia. Nos dan una visión general de la fe cristiana y, al mismo tiempo, sirven como base para entender con claridad temas doctrinales más específicos. Por eso, principios y doctrinas están estrechamente relacionados: las doctrinas nos ayudan a reconocer esos principios, y los principios nos ayudan a comprender mejor las doctrinas.
Estos principios ocupan un lugar central en la identidad bautista. Puede haber diferencias en algunos puntos doctrinales particulares, pero no en estos principios sin afectar lo que significa ser bautista. Por eso los llamamos principios bíblicos que creemos los bautistas: no porque los bautistas los hayan creado, sino porque los han encontrado en el Nuevo Testamento y los han sostenido a lo largo de su historia.
El principio cristológico afirma que Jesucristo es el centro rector de la fe bautista y la piedra angular de toda la doctrina bíblica. Su autoridad aparece en la Escritura como un dominio universal y eterno, visible en su poder sobre la naturaleza, lo espiritual, la vida religiosa y la iglesia. De este principio surgen implicaciones directas para el discipulado, la vida de la iglesia y la ética cristiana, porque el creyente vive bajo la soberanía de Cristo, la congregación reconoce a Cristo como su cabeza y la conducta cristiana nace de una relación real con Él.
(1 P. 2:7; Is. 9:6- 7; Dn. 7:14; Zac. 9:10; Mt. 8:27; Mr. 1:27; Lc. 6:5; Rm. 14:9; Ef. 1:22; Ef. 4:15; Col. 1:18; Jn. 1:35-42; Lc. 9:23; Ef. 4:13; Mt. 7:12)
La autoridad del Nuevo Testamento se entiende dentro de la revelación progresiva de Dios, cuyo punto culminante está en Cristo. Por esa razón, la fe y la vida cristiana encuentran su fundamento mayormente en el Nuevo Testamento, y la iglesia procura ajustarse a su enseñanza en doctrina, predicación y práctica. Este principio impulsa a las iglesias bautistas a ser neotestamentarias, a dar prioridad a la predicación bíblica y a capacitar a los creyentes para estudiar y aplicar personalmente la Escritura.
(2 Ti. 3:16; He. 1:1-3; He. 4:12; 1 P. 1:19-21)
Una membresía regenerada significa que la iglesia está formada por creyentes en Cristo que han nacido de nuevo, han manifestado su conversión mediante el bautismo y se unen para vivir en amor, trabajo y obediencia a la Gran Comisión. La pertenencia a la iglesia descansa en una experiencia personal de salvación, y por ello el bautismo corresponde a quienes han creído. La iglesia universal reúne a todos los creyentes en Cristo, y la iglesia local constituye su expresión concreta, visible y organizada en una localidad determinada.
(Mt. 16:16-18; Hch. 2; Ef. 4; 1 Co. 12:12- 27; Hch. 2:37-38)
El principio sociológico enseña que Dios gobierna su iglesia y que Cristo es su Rey, y en los asuntos prácticos la congregación busca la voluntad de Dios por medio de la participación de todos sus miembros. Cada iglesia local se gobierna a sí misma y conserva su autonomía, y también puede unirse voluntariamente con otras congregaciones para fines doctrinales, éticos, organizacionales, económicos y misioneros. Este orden congregacional reconoce la igualdad de los miembros dentro del cuerpo de Cristo y entiende la autoridad pastoral como una función de liderazgo, enseñanza, ejemplo y servicio.
(Hch. 6:1-7; Hch. 13:1-3; Hch. 15:1-41; 1 P. 4:10; Ef. 4:11-12; He. 13:7)
La libertad religiosa expresa la convicción bautista de que todo ser humano es responsable ante Dios y posee libertad de conciencia para creer, adorar y responder personalmente a la verdad divina. La Escritura presenta el llamado de Dios como una invitación dirigida a la voluntad humana, y esa responsabilidad debe ejercerse sin coerción gubernamental ni interferencia clerical. De este principio se desprende el deber de respetar las creencias de otras personas y de defender el derecho de cada individuo a profesar su fe.
(Is. 55:1-7; Mt. 4:19; Mt. 8:22; Mt. 11:28-30; Gá. 6:10; Ef. 4:1; Hch. 17:16-34)
La separación entre la Iglesia y el Estado reconoce la existencia del Estado y sus funciones de orden, justicia y bienestar social, y también afirma la necesidad de una autonomía e independencia de acción entre ambas esferas. La enseñanza bautista llama a obedecer a las autoridades, a orar por los gobernantes y a vivir con responsabilidad cívica. La lealtad del creyente permanece unida al reino de Cristo y a la Palabra de Dios cuando una disposición del Estado entra en conflicto con la voluntad divina.
(Mt. 17:24-27; Jn. 19:11; Ro. 13:1-7; Mt. 22:21; Tit. 3:1; 1 P. 2:13-17; 1 Ti. 2:1-5; Hch. 4:19; Dn. 6)
El principio evangelístico coloca a la Gran Comisión en el centro de la vida bautista y entiende que cada creyente participa en el testimonio del evangelio y cada iglesia participa en la obra misionera. El evangelismo forma parte del estilo de vida cristiano y se expresa en el testimonio diario dentro de los círculos de influencia de cada creyente. La obra misionera también impulsa a las iglesias a unir recursos y esfuerzos para extender el evangelio, discipular personas y plantar nuevas iglesias.
(Mt. 28:18-20; Jn. 7:38; Hch. 1:8)
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